Un mal comienzo
-Posiblemente sobre el remordimiento-
Un día, luego de pasar un tiempo de no ir a mi taller, con el remordimiento que eso supone y con la presión de las entregas, como de costumbre me puse a revisar qué había por ahí. Sin embargo, al final de la jornada me sentí mal conmigo mismo y con mis máquinas. Ese día tuve una pelea con un motor de calculadora.
El poder es algo que me preocupa. Lo que más me molesta es el subestimar que implica. Sentirse con poder sobre algo es subestimarlo, creerse más, creerse capaz de controlarlo; es una actitud políticamente triste que no deja que el otro sea: en una relación de poder el otro existe sólo por y para el que lo domina.
El no encontrar tornillos que lo sujetaran me desesperó.
-¿Cómo diablos hacían estos japoneses?!!!-
Solamente quedaba una superficie de plástico y el motor agarrado a ésta… y ningún tornillo!!!
El tiempo pasó y nada, no pude con eso. Me ardían las manos de manipular las herramientas. Tomé un taladro y empecé a abrir una línea de huecos para debilitar el plástico y poder romperlo. Mientras lo hacía tuve esa extraña sensación que uno tiene cuando está haciendo algo que definitivamente sabe que no debería estar haciendo, pero que a pesar de todo lo hace como para sentirse más mal al final. Como cuando vuelvo a encender un cigarrillo.
La superficie cedió a la fuerza y mis manos me ardieron aún más. El motor de calculadora desde un principio se negó. Yo llegué mal y esas cosas se sienten, el ambiente se torna incómodo. Ese día mi actitud no fue la de ser amigable con la naturaleza del aparato, me porté como un patán. Cuando lo logré liberar de su base, el trabajo con el motor simplemente no se dio. El tedio me abordó y fue tiempo perdido. El motor de calculadora quedó allí, como con mal genio de mi actitud. Al final se rehusó a trabajar conmigo, se negó a que yo quisiera tener el control de todo, yo no permití el espacio que debió facilitar nuestro encuentro[1].
Llevo semanas preguntándome cómo hacer para contentarme con él, si sacarlo a pasear ó simplemente guardar silencio y dejar que el tiempo haga lo suyo. Fue una tarde solitaria [2], llena de ansiedad.
[1] 3/27/06 3:28 PM
“El recién llegado debe ser absolutamente otro, un otro que espero no esperar, que no espero, cuya espera está hecha de una no espera, una espera sin lo que la filosofía llama Horizonte de Expectativa, cuando cierto saber anticipa aún y amortigua de antemano. Si estoy seguro de que habrá acontecimiento, no será un acontecimiento. Será alguien con quien tengo una cita, talvez el Mesías, tal vez un amigo, pero si sé que llega, y estoy seguro de que llegará, en esa medida al menos no será un recién llegado. Pero desde luego, la llegada de alguien que espero también puede, por tal o cualquier otro lado, sorprenderme cada vez como una oportunidad inaudita, siempre nueva, y por lo tanto sucederme una y otra vez. Discretamente y en secreto.” (Jacques Derrida – Ecografías de la televisión)
[2] 3/29/06 9:13 AM
“La soledad es una experiencia que tiene que ver con la fantasía de la compañía. Una persona que está adecuadamente integrada en su quehacer, en armonía con su vida porque su vida tiene sentido, nunca está en la soledad, solo o acompañado. En cambio el que no tiene esa relación de armonía consigo mismo se sentirá solo aunque esté acompañado.” (Humberto Maturana – El sentido de lo Humano)