Orejas de conejo

-Posiblemente sobre los referentes-

 
No me preocupa encontrarme con artistas que hagan cosas parecidas a las que yo hago. Cada vez que me pasa, descubro más cosas que me diferencian. Los hallazgos me dan motivos para darme cuenta de la importancia de lo propio. Es un poco paradójico: por un lado creer en lo único, y por el otro tener claro que ya todo puede estar inventado y que a la larga me la paso descubriendo el agua tibia. De alguna manera lo que más me preocupa no es el descubrir el ‘agua tibia’, lo que me molesta es sentirme con una actitud ‘tibia’. Siempre me ha parecido muy importante la posición.

 

Recuerdo que duré mucho aprendiendo a amarrarme los zapatos. Cuando lo logré, al principio lo hacía con la típica idea algo didáctica de hacer dos orejas de conejo y anudarlas. Ése fue el principio, me los amarraba con un nudo que no era de zapato pero funcionaba, sin embargo me sentía algo infantil por no poder hacerlo realmente bien. Ya más adelante entendí como era la “vueltita” que tenía que rodear uno de los cordones, y poco a poco, logré ajustarlos a mi medida. Cada vez que me ato los tenis recuerdo eso y me doy cuenta de que solamente yo me amarro los cordones como yo lo hago, así todo el mundo lo haga con el mismo nudo de zapato.

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