Del corista al coverista
-Posiblemente sobre el lado c-
¿Cuántas canciones me hubiera gustado haber escrito? ¿Cuántos títulos haber imaginado? ¿Cuántas obras haber creado?
Mi querido amigo, le envío una obrita que no tiene ni pies ni cabeza porque aquí todo es pies y cabeza a la vez, alternativa y recíprocamente. Considere las admirables comodidades que ofrece a todos esta combinación, a usted, a mí y al lector. Podemos cortar donde queremos, yo mi ensueño, usted el manuscrito y el lector su lectura, porque no supedito su esquiva voluntad al hilo interminable de una intriga superflua. Sustraiga una vértebra y los dos trozos de esta tortuosa fantasía se unirán sin esfuerzo. Córtelo en muchos fragmentos y verá que cada cual puede existir separado. Con la esperanza de que algunos de estos pedazos sean lo bastante vívidos para gustarle y divertirlo, me atrevo a dedicarle la serpiente entera[1].
Tal vez se trate de ser un buen Dj ya que en una fiesta más que las canciones, lo importante es su orden de aparición.
Saber colocar cada cosa en su lugar como en un estante, siempre en la búsqueda de un nuevo orden parece ser el secreto.
Realmente, en términos materiales, yo no produzco nada nuevo, como sí se diría de un escultor, un pintor o video artista por ejemplo. Siento que lo mío se acerca más a recomponer, a disponer, a recrear encuentros con diferentes elementos. En mi intervención es primordial la generación de vínculos. Primero tirarlo todo sobre la mesa, indagar funcionamientos, quitar carcasas. Luego, atento a lo que surja, establecer conversaciones entre ellos: mecanismos, movimientos, sonidos, canciones, letras, videos.
Hay gente que lo ve como una construcción a partir de la destrucción, sin embargo, en mi trabajo nunca tengo en mente el destruir como un procedimiento, ya que cuando uno destruye tiene claro que al final no debe quedar nada, solo la ruina. Y si ésta está presente en mis aparatos, es porque de antemano alguien (no yo) los nombró como obsoletos; mi intención no es la de verter en ellos una condición de decadencia, ya que ésta ya la tienen; pretendo crear nuevas situaciones que evidencien lo complejo que son los afectos entre las personas. Eso realmente es lo que me inspira.
La imagen patética de mi trabajo no es gratuita. Juego con lo que me dejaron, potenciando la vulnerabilidad, pero con la intención clara de tener la preocupación puesta en el hombre y no en la máquina.
También hay quienes me acercan a la idea de reciclaje, sin embargo, a pesar de utilizar material en desuso, no me interesa retornarlo al circuito de donde surgió: mis aparatos intervenidos, nunca entran en ese marco, ellos retornan a la vida de otra manera, aproximándonos más bien -espero- a nuestra propia realidad.
Es por eso que me siento mal cada vez que la gente me pregunta:
¿Tu trabajo, es sobre los aparatos, cierto?
[1] 5/2/06 4:06 PM
“De esta manera, Charles Baudelaire presentaba Spleen de París a sus lectores. Y es una pena que lo haya hecho. De no ser así, yo mismo hubiese querido componer un preámbulo igual o similar para lo que sigue a continuación. Pero lo hizo, y yo solo puedo citar. Walter Benjamín, por supuesto eliminaría la palabra “solo” de esta última frase. Y si lo pienso dos veces, yo también.” (Zygmunt Bauman – Amor liquido.)